¿Podemos o debemos declarar una “guerra” a los productos asiáticos?

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¿Productos asiáticos? Reflexionemos… – Image courtesy of Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net

CREO QUE SÍ. Podemos y debemos. Antes de nada, debo aclarar que no estoy en contra de nadie, que no considero que todo lo que se fabrica en Asia sea malo y que no pretendo fomentar el cierre de fronteras comerciales, algo que iría totalmente en contra de mi trabajo como consultor y profesional de comercio internacional.

No obstante, creo que debemos hacer algo. Analicemos: la economía occidental se hunde sin que podamos hacer nada al respecto. En los últimos años han desaparecido miles de industrias en Europa mientras hemos visto cómo se deslocalizaba toda la producción, destruyendo millones de puestos de trabajo que difícilmente podrán recuperarse. Además, se inundaba todo tipo de comercios con productos fabricados en el Lejano Oriente.

Debemos reflexionar sobre la forma en la que se produce en estos países. Recientemente hemos podido ver en todos los medios las condiciones de esclavitud en las que se trabaja en Bangladesh, desgraciadamente tras un accidente que ha costado la vida a muchas personas.

Lo que ha quedado claro, en primer lugar, es que quienes producen en Europa y quienes lo hacen en Asia lo hacen con distintas reglas de juego, pero compiten en el mismo tablero. Aquí hay que cumplir normativas de seguridad, salud, medio ambiente y los trabajadores deben percibir salarios dignos, entre otras obligaciones. En Asia, no.

Por tanto, creo que es una responsabilidad fundamental de los diversos organismos políticos que haya un control sobre las mercancías que se importan en la Unión Europea. Primero, para protegernos como consumidores, para proteger nuestro sistema de garantías sociales y, por último, para proteger a los trabajadores en origen.

Para ello lo principal es la motivación política, la más difícil de conseguir. Con ganas puede hacerse, aunque no podemos olvidar el papel que juegan estos países, especialmente China, en la deuda pública de occidente.

Y cómo podemos hacerlo? Los controles fronterizos en nuestras aduanas son difíciles de implantar y pueden suponer constantes retrasos en los despachos de mercancía. Además, son poco efectivos para determinar las condiciones de fabricación.

Mi propuesta es desarrollar un sistema de control en el país de origen. Contamos con una extensa red de organismos europeos, nacionales e incluso regionales que pueden elaborar una auditoría y certificar si una empresa cumple con los requisitos que se marquen (trabajo digno, condiciones sanitarias, edad mínima de los trabajadores…). Una vez certificada, la empresa estaría autorizada a realizar exportaciones a la UE. Nuestros organismos podrían realizar inspecciones ocasionales para comprobar que se siguen cumpliendo las condiciones.

De esta forma, habrá mucho mayor control sobre los productos fabricados en esos países. Además, los diversos organismos certificadores encontrarían una interesante fórmula de financiación que les permitiría no sólo mantener sus servicios actuales, si no poder ofrecer otros nuevos a las empresas europeas.

Ésta, por supuesto, es una idea individual que pretende poner límites a algunas prácticas que podrán ser consideradas legales, pero sobre las que nuestra Europa, la de las garantías sociales y el estado del bienestar, debería ejercer control.

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